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El peligro no sólo viene de la banca de inversión: vertidos de petróleo devastadores, escapes en centrales nucleares, cortes de suministro eléctrico, intoxicaciones masivas... Las amenazas a la seguridad de los consumidores son numerosas y de un gravedad extrema. No queremos un mundo así.
Seguramente, la lectura de las siguientes páginas dará qué pensar a muchos lectores. Ése es su objetivo. La catástrofe ecológica desencadenada por el vertido de petróleo de la plataforma de BP en las costas del Golfo de México ha venido a sumarse a la lista negra de desastres ecológicos, intoxicaciones masivas, fugas en centrales nucleares, cortes del suministro eléctrico... que se han sucedido en los últimos años, y cuyas trágicas consecuencias amenazan con transmitirse a las siguientes generaciones.
El ejemplo de lo ocurrido con la perniciosa actividad de la llamada ‘banca de inversión’, auténtica responsable de la crisis financiera que envuelve al mundo desde finales de 2007 (ver artículo de opinión en páginas 4, 5 y 6) puede servir para explicar la deriva que ha tomado el mundo del consumo en los últimos 20 años.
Lamentablemente, esta materia –el consumo– parece que necesita que las cosas vayan mal para ponerse en marcha. No en vano, su organización y profesionalización en España tuvo lugar a partir de la crisis provocada por la intoxicación masiva por aceite de colza.
En todas estas crisis hay varios rasgos comunes: un exceso de codicia –reducir costes para maximizar el beneficio–, una perversión de los objetivos finales –ofrecer un buen producto o servicio a los consumidores–, una tendencia generalizada a eludir responsabilidades y, al final, cientos o miles de conusmidores perjudicados en su bolsillo, su seguridad o, lo que es peor, en su propia salud.
Las siguientes páginas son un recordatorio de lo que ha pasado en los últimos días, meses y años, en nuestro entorno más cercano y también al otro lado del mundo. Es una muestra del mundo que no nos gusta y que queremos cambiar desde las páginas de este periódico, el de los consumidores.
Crisis de confianza, credibilidad y supervisión
En la portada de la revista Ausbanc del pasado mes de junio (nº 240), se pone de manifiesto la crisis de confianza, de credibilidad y de supervisión que ha conducido a la actual situación, en perjuicio de la ciudadanía –representada con esa figura aplastada, tendiendo una mano hacia adelante en busca de ayuda–.
En el reportaje que respalda a esta llamativa portada se explica cómo el sistema financiero ha pervertido su verdadera esencia y se ha convertido en un gigantesco casino en el que los ahorros de los confiados ciudadanos son manejados por unos cuantos privilegiados, movidos por sus propios intereses.
Esa triple crisis de credibilidad, confianza y supervisión se ha trasladado también al ámbito del consumo. Una perversión de objetivos contra la que nos rebelamos. No creemos que el fin justifique los medios. No nos gusta este modelo de mundo en el que el consumidor sólo paga, sufre y, a veces, reclama.
No es esto.
José Ángel Pedraza
Consumidores en pie de guerra
Últimamente, a los consumidores nos llueven golpes por todos lados. Los bancos nos colocan ‘clips’, ‘swaps’ y otros productos ininteligibles, diseñados para obrar en beneficio exclusivo de las entidades financieras. La factura eléctrica no deja de subir, y eso que el servicio que nos dan compañías como Endesa es manifiestamente mejorable (ver páginas siguientes). Y por si fuera poco, de cuando en cuando nos sobresalta una nueva catástrofe ecológica, ahora responsabilidad de BP en el Golfo de México, que ha tomado el relevo de Exxon –20 años después de la marea negra de Alaska– en la tarea de destrozar el mundo que legaremos a nuestros hijos.
En todas estas crisis se pone de manifiesto la capacidad de los responsables para eludir su cuota de culpa y, lo que es peor, su tendencia a escabullirse de su principal obligación en estas situaciones, que es dar la cara ante los consumidores.
También es justo reconocer que hay honrosas excepciones, y por eso desde las páginas de este bicentenario Mercado de Dinero queremos agradecer su trabajo a quienes de buena fe, aun con errores, son conscientes de que sus empresas funcionan gracias a que los consumidores compran y contratan sus productos y servicios. Insisto, aun con errores, porque también nosotros los cometemos.
Por eso quiero aprovechar esta tribuna para reiterar nuestra firme apuesta, la del equipo que elabora Mercado de Dinero y la revista Ausbanc (ver foto), por este periodismo comprometido con el mercado y con la defensa de los consumidores. El único periodismo sincero y con futuro en el incierto tiempo que vivimos.
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